Mientras escribo esto mis dedos –que ya empiezan a parecerse a chorizos– intentan teclear algo con sentido. El exceso de comida y alcohol ingerido igual me han afectado un poco. Tal y como el 99% de la población mundial durante estas fechas me he dejado engordar, como si de la matanza del cerdo se tratase, pero bueno, es lo suyo también. Aunque siendo sincera no soy estoy muy a favor de las cenas de navidad por varios motivos. ¿A mi que coño me importa mi primo tercero?, y si se va a casar menos aún. Ya sabemos que el tiempo pasa pero tampoco hace falta cada año repetir la misma frasecita del rollo “aii que grande estás y que guapa” –no hay ninguna necesidad de que alguien me lo recuerde pesaos…

Pero… ¿qué es lo peor que te puedes encontrar en una cena de navidad familiar (a parte de tu primo sacándose los mocos en medio de la mesa o tu padrina comiendo como una cerda)?

1. Esta es la comida que todos no esperamos cuando llegamos a casa de los abuelos: queso de todo tipo, foie gras, ostras, chispas que saltan de la chimenea que desprende olor a madera húmeda…

Pero ehhh no te engañes, lo mejor que te han servido en tu vida son un par de pinchos de pan duro y chistorra que sobró del año pasado. En realidad no, pero de ahí a encontrarte cenando con la chimenea al lado y vinllancicos cursis de fondo hay un rato…

2. Después de arrasar con las patatas, olivitas, jamón –del Mercadona, obvio– y demás llega el turno del pavo. Comer lo mismo todos los años in eternum es un coñasum, pero… te jodes.

3. Tus primos levantándose de la mesa, dando la chapa, chillando y los padres más aún. Podríamos decir que llegados a este punto te vuelves a replantear si en un futuro se te ocurrirá por casualidad, tal vez, tener algún bicho en casa.

4. Turrón… después de días comiendo el alimento más calórico de la tierra, te lo vuelven a sacar… Artesano y de ese que es tan súmamente bueno según tu madre que no tiene ni marca. Con lo básico, fácil y económico que es el Suchard de toda la vida…

5. Atención, porque después o mientras la sobremesa, que parece que no se acaba nunca –momento en que pueden/suelen saltar chispas entre suegro y yerno–, llega lo peor de la noche: la foto familiar. ¿Por qué hay tanto interés en repetir cada año lo mismo? Misma cara de gilipollas, misma ropa o parecida, incluso misma posición. Estas fotos deberían hacerse única y exclusivamente cada 5 años, como mínimo.

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