Llego a la puerta del Sidecar, puntual como siempre. No son ni las 22:00, pero bueno nunca está de más llegar cinco minutos antes. No me dejan entrar, abren a las 22 en punto, o eso dicen. Pues nada, a dar una vuelta por el gótico a ver si algún morete de esos de “agua, coca-cola, servesa bier, hachís” me vende un par de birras baratitas para ir entrando en calor. Son las 22:40 ya y el concierto no ha empezado aún. Stanich se hace de rogar y la gente tiene ganas de que empiece lo bueno. Algún que otro aburrido jugando al solitario en el móvil…

Cuando por fin sale, con sus pierninchis y barbas de ermitaño, todo un clásico ya en la escena musical actual. Debo decir que creo y afirmo que a más de la mitad de las tías que estábamos en la sala -o antro, como se prefiera denominar el espacio- se nos cayeron las bragas cuando salió el cántabro. Su acústica a mano y abrió con un tema del nuevo LP Camino Ácido, con Amanecer Caníbal. La cosa pinta bien pensé, y la verdad es que no iba mal encaminada.

Poco a poco Stanich fue presentando su álbum. Con su particular voz rota, la típica que adoras o puedes llegar a odiar mucho, el tío se marcó unos temitas bastante interesantes. Entre ellos un cover de Mark Lanegan dedicado a una banda barcelonesa, The Midnight Travellers (?? así es como nos quedamos todos cuando dijo el nombre de la banda). Fueron pasando El Cruce, Miss Trueno ’89, Camino Ácido… El tío ya un poco sudado dándolo todo, implicadísimo con el público y haciendo bromitas –se ve que es más catalán incluso que nosotros, no pagó ni un solo peaje durante el viaje Cantabria-Barcelona. Tenía la barba algo encharcada de sudor, pero en serio, eso lo convertía en 50 veces más atractivo. La cara escondida detrás de un matojo de pelo sumada a la barba… Demasiado todo. Sacó su harmónica en un intento un poco fallido de La Noche Del Coyote, pero en fin, imposible no perdonárselo. Después de 40 minutos escasos de concierto se despidió, pero lo hizo para volver con sus tres últimos temas, Mezcalito, El Río, acompañado de unos “shiri shiri shiri” un poco desafinados del público, y… después de toda la noche dando vueltas llegó el mítico Metralleta Joe. Aquí fue cuando la peña se volvió un poco loca, bueno en su medida, teniendo cuenta que se trataba de un concierto en acústico y encima folk. La verdad es que el chico se lo curró mucho y nos dejó un muy buen sabor de boca a todos. ¡Stanich, estás más que aprobado!

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