Ambigüedad perversa.

Crajes forma el perfecto tándem sustentado por el talento innato de dos jóvenes barcelonesas: Carla Rendon (1987) y Jessica Ruiz (1988), que llegando a un punto de no retorno deciden abandonar sus carreras universitarias en psicología y filosofía para adentrarse en los insondables caminos de la creación.

Sus primeras aproximaciones fueron en torno a la animación y el arte digital, hasta que se decantan por la pintura en cuadros o lienzos, generalmente al óleo, acrílico o tinta.

El estilo de Crajes está influenciado por el pop surrealista, una corriente que exalta el mundo de los sueños, con reminiscencias de trazo japonés e inspiraciones en el manga y dibujos animados.

Con los años ha ido evolucionando de naíf a grotesco aunque la mujer continúa teniendo un papel protagonista en su obra: “Es una cuestión estética porque las figuras femeninas siempre han llamado más la atención captando todas las miradas”.

“Nos inspiramos en la brujería, el fanatismo, las supersticiones o el ocultismo tan extendidos en la Edad Media o en el Renacimiento. Nos hemos documentado leyendo la Biblia, los relatos del Apocalipsis o el Malleus Maleficarum”. 

“Hemos bautizado cada retrato con los nombres de las primeras mártires que fueron sacrificadas en la hoguera independientemente de si eran brujas, vírgenes o santas”.

“Jugamos con la ambigüedad y pensamos que dentro de una misma figura existe la parte luminosa y la más oscura”.

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