Cuando en los siglos pasados se retrataba la vida de corte en grandes lienzos, quien les iba a decir a aquellos aristócratas que en pleno siglo XXI el relevo sería tomado por las masas asistentes a los festivales y conciertos, más conocidas como mosh pit o pogo. Una misión llevada a cabo por Dan Witz, quien ya lleva a sus espaldas una brillante trayectoria como intervencionista urbano, y ahora se encarga de hacer traspasar a la muchedumbre enfervorecida del asfalto a las salas del museo.

Nacido en Chicago en 1957, Dan Witz se destaca como artista visual y uno de los pioneros del arte callejero a nivel mundial desde finales de la década de los años 70. Asentado en Brooklyn ha sido capaz de desarrollar un de las carreras artísticas más influyentes en cuanto a intervencionismo del espacio urbano, ejecutando sus creaciones en espacios públicos con elementos o pequeñas imágenes hiperrealistas que toman forma adheridas al contexto preexistente para dotarlo de nuevos e inesperados significados, siempre sorprendentes.

Una de sus acciones más conocidas fueron sus famosas series de “Birds” desde el 79 al 2000. En las cuales se encargaba de situar pequeñas figuras de colibríes sobre el muro urbano de forma tan sutil como cautivadora, convirtiéndose así en una de las primeras imágenes virales globalmente difundidas de la era de internet.

En los últimos tiempos, la cuidada técnica hiperrealista que tanto le caracteriza ha ido perfeccionándose hacia límites insospechados, para dar lugar a lienzos de medio y gran tamaño con temáticas que abordan la sociedad de masas, los prejuicios y estereotipos convencionales, las imágenes políticamente incorrectas, el abuso tecnológico y todo un imaginario en el cual los marginados son el principal punto de apoyo y reflexión.

Su último golpe de efecto viene dado al posicionar a las muchedumbres enfervorecidas, presentes en cualquier festival y concierto que se precie, sobre la tela del lienzo. Con una técnica sumamente minuciosa, realista y cuidada, consigue composiciones de gran tamaño y sensación de movimiento, en una suerte de azar aleatoriamente ordenado. Profundamente ligado a los movimientos punk y rock, estas influencias son latentes en todo su trabajo, para poner en relieve realidades muchas veces olvidadas y fuera del foco de atención.

Tanto si hablamos de una turba de adolescentes, como un tumulto de oficinistas pasando por una jauria de perros, Dan Witz consigue llevar a cabo un efectista poder comunitativo, de reflexión y provocación frente al espectador, una magistral trayectoria que bien le hace valer como estrella indiscutible en su ámbito.

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