Jueves 15 de mayo, 2014, Barcelona.

Lo primero que vi al llegar, o mejor dicho de camino a Sant Jordi Club me dejó un poco flipada. A las 20 de la noche, con sol aún y un jueves, ¿a quién coño se le ocurre ponerse a beber?

Llega el momento de pasar al concierto y después de media hora preguntando por las acreditaciones conseguí que me hicieran un poco de caso. Ya dentro, bueno dentro pero todavía fuera, con mi compañera nos pusimos las pilas también para poder tomar fuerzas entre cervezas y una ensalada rancia pero apetecible.

En un momento random cualquiera me digo a mi misma, “Joder, yo pensaba que lo de la oveja Dolly era una coña, pero ya veo que no, la técnica de clonación es posible”. Qué aburrido que puede llegar a ser ver “Supergas” doble suela, Levi’s 501 todo el rato, meeeee, un coñazo. Aunque hay que reconocer que algún que otro personajillo de esos guays sí que había escondido entre la multitud de melenas y barbas cual mochas.

La verdad es que nunca había estado en el Sant Jordi Club –desgraciadamente los tipos de conciertos a los que suelo asistir no llenan más que un pobre salón de una casa cualquiera…– y nunca pensé que los C Fighters podrían llegar a llenar un espacio tan grande, porque sí, al comenzar el show no se podía ni respirar.

Debo reconocer que llegamos ya comenzados los Is Tropical, justo a tiempo para echar un par o tres de fotos. El atrezzo estaba bastante currado, molaba, así rollo bosque encantado Wonder/Dreamland.

Total, que Is Tropical tocaron los clásicos The greeks, Dancing anymore, sin dejar de lado su lado más oscuro acompañado de bajo, batería e irremplazable sintetizador. De repente se oyó un “Do you want to go to the plage with me…” pero nooooo, falsa alarma, seguían siendo los teloneros, casi. Cuando creía que ya iba a empezar la movida, salieron dos tíos igualitos al armario de la Bella y la Bestia con unos palos. Vale, no entendía nada. Empezaron a dar golpes en unas maderas chungas y todo fue un poco random, la verdad. Después de un par de minutos de investigación por internet, me he enterado de que el instrumento que tocaba la pareja de ciclados es la txalaparta, un instrumento de percusión característico del País Vasco blablabla. La cual cosa no era ninguna casualidad, porque como nos tienen acostumbrados los CF, gran parte de sus canciones están acompañadas de tal instrumento, dándoles un aire más divertido y animado. Pero supongo que ya es lo que les mola, lo tribal, hippie, no moderno pero moderno a la vez.

La peña como loca ya, alcohol, no sé si drogas, pero supongo que sí, niños de papá = $$$$$ = drugsssss. Entonces fue cuando salió el guitarrista, Graham Dickson, que empezó a dar caña y aparecieron dos sirenitas. Sebastian Pringle, oh sí, el más barbas, el más ermitaño, el más todo, llevaba unas pintas de mendigo dignas de ver que con el paso del concierto se irían intensificando. Se presentó con un trapo de brillantitos a conjunto con las sirenis de los coros, y ropa máximo Woodstock. Cabe decir que se agradece bastante, y mucho, no ver al típico artista moderno con esos pitillos que le dejan las partes íntimas a presión. Sus inigualables ritmos bailongos se apoderaron de los fans, bueno de echo de todos –pillé a un segurata marcándose un par de pasos– quienes no podían dejar de bailar al ritmo de los temas deThe Cave Rave y Star of Love.

Abrieron con un impecable Solar System, muy tribal, reitero, como todo en fin. Seguida de Follow, LA party, Separator… una mezcla de los dos álbums de la banda. Ya llegados a este punto, parecía que todo iba a ser igual, bien, pero entonces llegó el torno a You and I, el suelo rebotando de lo que saltaban los fans. Y paaaam, “(…) I’m going down down down…”, confeti, venga festival. Pausa y cambio de outfits. En ese momento creía que estábamos presenciando la resurrección de Cristo o algo relacionado con Dios. Esta vez el líder de la banda se presento con una túnica hasta los pies sumada a la quilométrica barba y greñas. Algo raro pero guay a la vez. Los bailes que se marcaron durante todo el concierto fueron guapis guapis, todo giraba al rededor de una atmósfera súper peace and love. De todas formas, tengo que admitir que pegaban bastante con las canciones siempre hippies/happys de los londinenses.

Después de hacerse los interesantes volvieron con los últimos tres temas cerrando con la única e inigualable Xtatic Truth, por fin joder. Y se despidieron, hasta… ¿el año que viene? ¿El siguiente? No lo sé. Lo que si sé es que fue toda una experiencia. Os habéis salido.

 

Comentarios

Comentarios