Yayoi Kusama (1929) es una artista japonesa nacida en la ciudad de Matsumoto (Nagano). A muy temprana edad aprendió Nihonga, que son los dibujos de la tradición japonesa, pero pronto se decantó por el avant-garde americano y en 1957 se mudó a la ciudad de Nueva York, donde comenzó  a realizar obras con influencia de la psicodelia, el arte marginal, el arte pop y el expresionismo abstracto, que eran las corrientes más predominantes en esa ciudad en el marco de los años sesenta.

Su trabajo abarca una gran cantidad de técnicas distintas. A lo largo de su carrera ha realizado pinturas, esculturas, instalaciones, performances, collage, así como colaboraciones en el mundo de la moda. Un elemento muy recurrente en su obra, que le marca un estilo propio, es la repetición de círculos llevados al infinito y casi con un sentido meditativo y terapéutico, íntimamente relacionado con el hecho de haber sufrido trastornos psicológicos desde muy temprana edad, y que la llevaron a recluirse en un centro psiquiátrico por voluntad propia, donde reside desde su vuelta de Estados Unidos a Tokyo desde 1977. Los círculos en la obra de Kusama son interpretados como símbolo de lo femenino y la renovación cíclica en la vida de todo ser humano. Yayoi Kusama es una de las precursoras del arte femenino y ha sido una de las mujeres mejor cotizadas en el mundo del arte de nuestra época.

Por otro lado, los objetos creados con alusión fálica con forma blanda, Acumulations (Acumulaciones) o Aggragation: One thousand boats show (Conglomerado: Espectáculos de mil botes), devienen de un trauma de la adolescencia por el motivo de ser obligada por su madre a espiar las infidelidades de su padre. También es sabido que recibió abusos físicos por parte de ésta, que la llevaron a contraer miedos y traumas durante la niñez que, irremediablemente, quedarían reflejados en su obra posteriormente.

El estilo y la técnica de Yayoi residen en la repeteción infinita que la llevan a un estado meditativo, con el que el arte se convierte en un vehículo de salvación de sus impulsos suicidas, sus alucinaciones y sus desequilibrios psicológicos. Como la propia artista afirma, no habría sobrevivido hasta ahora si no hubiera sido por el arte. Al adentrarnos en su mundo, nos relacionamos con un lenguaje galáctico y psicodélico, que nos transporta a  la dimensión de otros mundos ajenos a esta tierra. El universo Kusama, claramente, proviene de una visión diferente a la realidad visible y perceptible con los sentidos.

Su obra ha influenciado a grandes artistas contemporáneos como Andy Warhol y Claes Oldenburg, y a pesar de haber sido olvidada tras su regreso a Tokyo, la artista nunca dejó de crear. Es de nuevo en la década de los noventa cuando retoma su fama y su relevancia en el mundo del arte, que la han llevado a recorrer, desde entonces, las salas de los grandes museos de todo el mundo.

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