Como todos sabéis, la semana pasada se celebró la semana del arte en Madrid y con ella, a parte de otras ferias que se celebran en paralelo, como JustMad y Art Madrid, entre las más relevantes, tuvo lugar ARCO.

Muchas han sido las reflexiones que se han hecho en cuanto a ello, dejando como balance final, un panorama positivo en cuanto este mercado y en cuanto al arte español en general.

Pero como era de esperar, no todo han sido buenas críticas. Con ello, se vuelve a abrir un debate que eternamente persigue al arte contemporáneo, en cuanto a lo que puede ser considerado arte y lo que no, y en cómo la comercialización del arte, en muchas ocasiones, hace que éste se convierta en un mero instrumento al servicio del mercado. Muy sonados han sido ¨Vaso medio lleno” del artista colombiano Wilfredo Prieto valorado en 20.000€  o “El origen del mundo”, un mandala de lencería femenina en color rojo de la artista Pilar Albarracín, entre otras obras de discutible calidad artística.

Pero sobre todo esto ya han corrido ríos de tinta, de modo que no haré un nuevo balance sobre ello, pero sí que aprovecho este debate para hablar, en esta ocasión, de otro artista, que aunque no haya estado presente en ARCO, también crea llagas y cuestiona esta misma polémica que hemos planteado.

Hablo en este caso de la obra de JEFF KOONS, uno de los artistas vivos más cotizados y también más polémicos. Su obra podría enmarcarse en el top ten del mainstream del arte contemporáneo.

Jeffrey Koons (York, Pensylvania, 1955) se formó en la School of The Art Institute of Chicago (SAIC) y se licenció en Bellas Artes por el Maryland Institute College of Art (MICA) de Baltimore en 1976.

Si hablamos de Koons, hablamos de arte Kitsch y de monumentalidad. Archiconocida es su obra “Puppy”, una representación de un perro gigante de más de doce metros de altura cubierto de flores y que actualmente preside la entrada del Museo Guggheim Bilbao. (Portada).

Koons toma elementos y personajes de la vida cotidiana y de nuestra sociedad de consumo y los convierte en esculturas de diferentes materiales o composiciones pictóricas, haciendo uso de todo tipo de técnicas, con una clara influencia, en este sentido, del artista Marcel Duchamp (1887-1968), quien marcó notablemente la evolución del movimiento pop en el siglo XX.

Si hacemos referencia a la forma de producción de su arte, tenemos que hacer mención, en este caso, al mayor representante del arte pop, el artista Andy Warhol, y a su conocido estudio, The Factory, donde el arte es producido de una manera industrializada, y  en la que no necesariamente, el artista es el productor de la obra. De esta forma, el artista se convierte en una marca, y como tal, debe ser publicitada. Este hecho hace que la carrera de Koons esté marcada por una fuerte visión mercantilista y comercial, muy ligada al mundo de la publicidad y el marketing.

La obra de Koons nos hace, por tanto, plantearnos como, con frecuencia, nos encontramos ante una gran ausencia de criterios y banalización del arte, como reflejo inevitable del sentimiento general que genera la sociedad de consumo.

El interrogante que podríamos plantear en su obra es si puede ser interpretado o servir como una herramienta de crítica hacia el sistema, o es solamente un claro ejemplo de ello, más allá de la intención del artista.

Elena Jc/Anemonasfull

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