¿Quién estaría dispuesto a gastarse 20.000 euros en un vaso de agua medio lleno? Quizá la misma persona que adquirió por el mismo precio “Políticamente incorrecto”, una obra en la que el protagonista era un trozo de sandía cuadrado. O aquel otro que compró “Escala de valores”, una pieza compuesta por varios vasos de plástico con restos de ron, Coca-Cola, vino, cerveza y agua.

El autor de todas ellas es Wilfredo Prieto, un artista cubano que, con una larga trayectoria de transgresiones artísticas, se ha convertido ya en el enfant terrible del arte contemporáneo. Las principales cadenas de televisión españolas abrían la sección de cultura con la polémica del vaso, intentando discernir si un objeto cotidiano encima de un trozo de madera es arte o más bien un mero timo. Mientras tanto, Prieto ya ha conseguido lo que quería, al igual que ocurrió con el retrete de Duchamp, fundador delready-made.

Él ha sido el claro protagonista mediático de esta edición de ARCO, la Feria Internacional de Arte Contemporáneo que se celebra anualmente en Madrid y en la que, por cierto, hemos visto de todo. Aquí os dejamos un resumen de las piezas y artistas que más nos llamaron la atención.

Entrando a uno de los pabellones descubrimos la magnífica obra de Bárbara Probst, una artista alemana que reflexiona sobre los diferentes puntos de vista desde los que se pueden ver las cosas. ¿Qué pasa si disparo una fotografía desde un punto y desde otros distintos? ¿Cuál es el efecto que provoca en el espectador cada una de las posibilidades?

En la obra expuesta, usó 12 cámaras diferentes para captar varias instantáneas de una mujer en una azotea de tal forma que se insta al espectador a pensar en el instante y en la propia esencia de las series, las interrelaciones entre imágenes, y lo que es más interesante, según Proust, “todas las imágenes invitan al espectador a viajar a través del espacio, a asumir distintos puntos de vista y ver a sí mismo mirando”.

Una galería con talentos colombianos emergentes que no se nos podía olvidar destacar es Doce Cero Cero. En concreto, dos artistas que expusieron obras muy distintas entre sí pero que llamaban la atención cada una a su manera. Hablamos de Edgar Jiménez y María Alejandra Garzón.

El primero explora el trasiego de la diáspora de los negros, desde la esclavitud hasta la emancipación, así como su influencia en el mundo moderno, especialmente en el cine: las escenas callejeras que retrata parecen sacadas de cine de serie b o la cinematografía afroamericana de los setenta.

En el caso de María Alejandra Garzón, el título de su obra arroja luz sobre la temática: “Suntuosa vulgaridad”. A ella  le interesan las manifestaciones de la feminidad, así como abordar los imaginarios que se crean alrededor de los oficios artesanales que se atribuyen especialmente a las mujeres. Resulta significativo que utilice una técnica tan tradicional como el bordado para tocar temas eróticos y explícitos.

 

También destacable y, en la misma línea de crítica a la esclavitud que Edgar Jiménez, se sitúa Travis Somerville, artista americano cuyos padres, activistas por los derechos humanos, han ejercido una gran influencia en su obra. Somerville expuso una retrospectiva que recogía una serie de retratos de grabados de esclavos en bolsas de dinero en una crítica a la consideración de estos seres humanos como una mercancía. El Ku Kux Klan también está muy presente en su obra.

Deambulando por los pasillos de ARCO, de repente nos sorprende una tela enorme cubierta de lo que parecen ser semillas. Efectivamente, hablamos con Simona Denicolai, una de las fundadoras de Denicolai & Proovost que nos explica el significado de la obra. “Es una crítica a la deforestación”, nos cuenta, para después invitarnos a coger un sobre e introducir en él una de estas semillas extraídas del bosque de La Haya para plantarlas en nuestro jardín.

Enrique Marty (Salamanca, 1969) empezó a pintar a muy temprana edad inspirándose en las obras que veía en las iglesias y calles de su ciudad natal. Poco queda de su etapa inicial por lo que pudimos ver en ARCO. En esta ocasión, nos sorprendieron estas esculturas desnudas y policromadas portando armas.

En toda su obra, sus personajes siempre han sido seres grotescos, siniestros, según él mismo para “introducir al espectador en el misterio, crearle cierta incomodidad pero sin que sepa muy bien por qué. El arte que juega con la belleza no me interesa demasiado porque acomoda”.

Alfredo Jaar es un artista chileno conocido por sus intervenciones en el espacio público Entre otras cosas, en 2010 construyó un museo de papel en la ciudad de Skoghall (Suecia) e invito a jóvenes artistas a exponer para un día después incendiar el museo. Nos encanta este mural con letras de neón que invita a desatar nuestra locura.

En lo que parece una reflexión sobre el mundo capitalista y el consumo, Daniel G. Andújar expuso este mural repleto de fotografías en formato polaroid con motivos que van desde drogas hasta productos alimenticios, pasando por iconos de series televisivas y hasta medicamentos. Lo denominó “Casa sin fin”.

Estas y las que os mostramos a continuación son algunas de las obras más llamativas de esta edición de ARCO. Collages, arte conceptual, videoarte, obras de inspiración pop-art, performances y sobre todo, mucha vanguardia.

“El fin último del arte contemporáneo no es crear belleza sino libertad. De ahí proviene su afán moralizador, que ha convertido en predicadores a muchos artistas.” – José Antonio Marina

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